Se entiende por dolor abdominal funcional, ahora llamado Dolor abdominal mediado centralmente, un dolor continuo o casi continuo, localizado en el abdomen y que no suele tener relación con la función intestinal, es decir que no se modifica con la comida o la defecación. Este dolor no está causado por ninguna patología o enfermedad de ningún órgano abdominal. Como para el resto de patología funcional existen unos criterios clínicos (denominados de Roma IV) para su diagnóstico.
Criterios de Roma IV para el diagnóstico de Síndrome de dolor abdominal mediado centralmente (SDAMC):
Cumplimiento de los criterios durante los últimos 3 meses con inicio de los síntomas al menos 6 meses antes del diagnóstico. Debe incluir todo lo siguiente:
El SDAMC suele asociarse a comorbilidad psiquiátrica, pero no existe un perfil específico que pueda utilizarse para el diagnóstico.
Es relativamente poco frecuente, predomina en mujeres y suele aparecer hacia los 40 años.
El dolor abdominal no tiene características ni localización especial. Suele ser difuso y puede tener características variables: opresión, “como una puñalada” o más inespecífico. Es una característica fundamental que no se modifica con las comidas, ni con el ir de vientre y la menstruación. Permite el sueño y no suele acompañarse de una pérdida de peso importante ni de otros síntomas abdominales, aunque podrían estar presentes de forma puntual (nauseas, vómitos, cambio en el hábito deposicional). Es bastante característico que estos pacientes tengan otros cuadros dolorosos inespecíficos a lo largo de su vida (fibromialgia, cefaleas, etc).
Se desconoce la causa de este trastorno, pero la frecuente asociación del dolor abdominal funcional con enfermedades psicológicas o psiquiátricas como la ansiedad, depresión o somatización orientan hacia una alteración del sistema nervioso tal como una mala regulación del dolor. Así, el nombre actual del trastorno es Síndrome de dolor abdominal mediado centralmente, con el objetivo de enfatizar no sólo el origen abdominal del problema.
Las exploraciones necesarias para llegar al diagnóstico de dolor abdominal funcional son muy variables y dependen fundamentalmente de la intensidad del dolor, su duración y síntomas acompañantes. Si el dolor es de larga evolución, sin repercusión en la vida normal del individuo (sin pérdida de peso y con poca repercusión en su calidad de vida como por ejemplo no perder días de trabajo o actividades cuotidianas) la historia clínica y la exploración física normal serían suficientes para establecer el diagnóstico. Por el contrario, si el dolor es muy intenso acompañado de absentismo laboral, o bien se acompaña de otros síntomas que hagan sospechar alguna enfermedad concreta se tendrán que excluir enfermedades abdominales y que incluyen fundamentalmente enfermedades urinarias, ginecológicas y digestivas. Las pruebas que se realizarán son muy variadas y se decidirán a criterio del médico y basándose en las características de cada paciente; pueden incluir: gastroscopia, colonoscopia, ecografía y/o TAC abdominal, exploración ginecológica o urológica.
Es importante para el paciente conocer la naturaleza benigna de su enfermedad y el posible origen en una alteración en el procesamiento de señales de dolor. Aunque es un proceso crónico no implica riesgo para la vida del paciente ni riesgo de intervenciones quirúrgicas por este motivo.
El pronóstico no es malo en cuanto no pone en peligro la vida del enfermo. El paciente tiene que ver esta dolencia como cualquier proceso doloroso crónico y benigno: cefalea tensional, dolores óseos, etc. El objetivo del tratamiento es disminuir la intensidad y la frecuencia del dolor, de forma que el paciente recupere de forma progresiva sus actividades cotidianas y mejore su calidad de vida. El acompañamiento por parte del médico, ayudar a conocer el trastorno, su base fisiopatológica y tratamiento, es esencial para evitar pruebas diagnósticas e incluso cirugías innecesarias.