Autor(es)
Luis Eduardo Duran Duran, Constanza Ciriza De Los Ríos.
Hospital Clínico San Carlos, Madrid.
Correspondencia: ledocteurduran@gmail.com
El eructo supragástrico consiste en la entrada rápida de aire en el esófago y su expulsión oral inmediata, sin que alcance el estómago. Puede producirse mediante dos mecanismos: succión o inyección de aire. En la succión, el flujo de aire se genera por un gradiente de presión tras la relajación del esfínter esofágico superior (EES), que precede a la entrada de aire en el esófago. Durante el eructo supragástrico no se producen ondas peristálticas, lo que permite diferenciarlo de la peristalsis primaria inducida por la deglución1. Los síntomas persistentes pueden consolidar un comportamiento compensatorio, repetitivo y compulsivo. Según los criterios de Roma IV, ratificados en Roma V, el trastorno se define por la presencia de eructos molestos más de tres días por semana durante los últimos tres meses, con inicio de los síntomas al menos seis meses antes del diagnóstico2. La pH-impedanciometría (MII-pH) ambulatoria de 24 horas se considera la prueba de referencia para el diagnóstico de los eructos supragástricos1.
Presentamos el caso de un varón de 39 años con eructos diarios de un año de evolución, que desaparecían durante el descanso nocturno y al hablar. La endoscopia digestiva alta no mostró alteraciones. Ante la sospecha de eructos supragástricos, se realizó una MII-pH esofagogástrica de 24 horas, que registró más de 100 episodios de este tipo. Los eructos precedían y desencadenaban episodios de reflujo gastroesofágico ácido en el esófago distal, con un tiempo de exposición ácida, definido por un pH < 4,0, del 9%, predominantemente en bipedestación (figura 1). Los episodios desaparecían durante la siesta y el descanso nocturno (figura 2).
Un estudio multicéntrico publicado en Gut en 2026, que incluyó a 580 pacientes, halló que uno de cada cinco pacientes con enfermedad por reflujo gastroesofágico (ERGE) concluyente presentaba eructos supragástricos excesivos; el 24,6% del tiempo total de exposición ácida era atribuible a estos episodios3. Los eructos supragástricos aparecen casi exclusivamente en posición erguida y durante la vigilia, y prácticamente desaparecen durante el sueño, mientras que los eructos gástricos se mantienen a lo largo de las 24 horas4. En la MII-pH ambulatoria se identifican por un aumento rápido y secuencial de la impedancia (≥ 1000 Ω), que progresa hacia el esfínter esofágico inferior (EEI), seguido de un flujo inverso en dirección oral; más de 13 episodios diarios se considera un hallazgo patológico1. Dado que se trata de un comportamiento aprendido, el tratamiento de elección es conductual y no existe una farmacoterapia primaria de eficacia demostrada.
Este caso muestra que los eructos supragástricos severos pueden deteriorar significativamente la calidad de vida y desencadenar episodios de reflujo gastroesofágico ácido con exposición esofágica patológica. La MII-pH no solo confirmó el diagnóstico, sino que también demostró la relación temporal entre los eructos y el reflujo, un hallazgo útil para explicar al paciente el componente conductual del trastorno. Tras el diagnóstico, se indicó rehabilitación frenoabdominal como intervención conductual.
Registro de MII-pH esofagogástrica de 24 horas. Se observan múltiples eructos supragástricos (flecha amarilla) que preceden y desencadenan episodios de reflujo gastroesofágico ácido (flechas rojas).
Registro de MII-pH esofagogástrica de 24 horas. Se observa la desaparición de los eructos supragástricos durante el descanso nocturno (flecha verde).